Son las 11 PM y, por esas cosas de la vida, no estoy en la cama amuchada con mi señor marido, sino en la oficina.
Cuando digo esas cosas de la vida, entiéndase todos los factores que me llevan a renunciar a fin de mes concentrados en una sola tarde/noche. Lo que odio, lo que me duele, lo que me desquicia, lo que no puedo entender. Los habituales flashes de estupidez transformados en rayos, centellas y hasta granizo. La expresión tormenta de ideas llevada a vida por una serie de Frankensteins de escritorio.
Lo único que me mantiene entera es que tengo helado en casa.
Actualización: pasaron 20 de la medianoche y sigo. Ya ni el helado me salva.
Insulto en honor a su causa estimada.
si uno quiere mantenerse entero no puede renunciar aquel centímetro que separa su realidad con la realidad que quiere.
si tenemos ese centímetro, tenemos identidad, aún virgen, aún libre, aún no es colonizada por el deseo que tapa sin saciar nuestras otras necesidades… aún rebelde…
te desearía buen provecho con el helado y entiendo que ya no te salve, con un helado sólo conseguirás un mundo imaginario ideal instantáneo hasta que la amargura de la realidad vuelva de nuevo… deseando otra vez el helado…
buena suerte si encuentras en tu corazón el centímetro de la libertad, defenderás el amor, la justicia y la paz.
encantado de escribirnos.
Quiero helado.